Los clubes de lectura son espacios donde vaciar aquello que queda sin terminar de exprimir, tras la lectura de un libro. Esos lugares a los que te acercas para escuchar y compartir, contar cómo una novela que nunca se te habría ocurrido leer te ha emocionado o te ha parecido el truño del año, a la vez que tus compañeras de mesa opinan justamente lo contrario (o no) y todo se justifica y de todo se aprende, de respeto y de tolerancia, de modos y maneras de leer, pero de leer, al fin y al cabo.
Luego están esos momentos regalo, de encuentro con escritoras o escritores de más o menos “reconocido prestigio” y hay mucho alboroto y mucha norma y no hay firmas ni preguntas al aire; hasta que llega Marta Sanz y lo convierte todo en esencia, en lo que es, realmente, un encuentro con la escritora respondiendo a cada intervención con la sencillez de quien sabe que posee la magia de las palabras a la vez que agradece, con exquisito respeto, cualquier intervención. Y te habla de sus miedos, de su padre o de Chema (marido que no constructo) de su pasado, de sus ideas... Y mientras, toma notas con la humildad de quien quiere seguir aprendiendo.
Implicada hasta las trancas, hurga en lo más profundo de las convicciones para interpelar conciencias, por todo ello, gracias, Marta. ¡Seguiremos reincidiendo!

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