17/05/2026

GRACIAS, MARTA

 

Los clubes de lectura son espacios donde vaciar aquello que queda sin terminar de exprimir, tras la lectura de un libro. Esos lugares a los que te acercas para escuchar y compartir, contar cómo una novela que nunca se te habría ocurrido leer te ha emocionado o te ha parecido el truño del año, a la vez que tus compañeras de mesa opinan justamente lo contrario (o no) y todo se justifica y de todo se aprende, de respeto y de tolerancia, de modos y maneras de leer, pero de leer, al fin y al cabo.

Luego están esos momentos regalo, de encuentro con escritoras o escritores de más o menos “reconocido prestigio” y hay mucho alboroto y mucha norma y no hay firmas ni preguntas al aire; hasta que llega Marta Sanz y lo convierte todo en esencia, en lo que es, realmente, un encuentro con la escritora respondiendo a cada intervención con la sencillez de quien sabe que posee la magia de las palabras a la vez que agradece, con exquisito respeto, cualquier intervención. Y te habla de sus miedos, de su padre o de Chema (marido que no constructo) de su pasado, de sus ideas... Y mientras, toma notas con la humildad de quien quiere seguir aprendiendo.
Implicada hasta las trancas, hurga en lo más profundo de las convicciones para interpelar conciencias, por todo ello, gracias, Marta. ¡Seguiremos reincidiendo!

21/03/2026

POEMA EN EL TIEMPO. TIEMPO DE POEMA

 Para cualquier durante 

Se va atisbando un mañana

Para cualquier ahora

Se requiere un antes,

Varios “mientrastantos”.

Acariciar ese instante, 

darle forma

a los segundos,

inventar horas,

asaltar el descuidado

(el desquiciado) 

paso del tiempo.

Burlar la tiranía

que marcan las agujas,

Inclementes,

de un tiempo 

qué llamamos vida.

Repetición insaciable 

Sísifo deseado 

nunca castigo 

Solo subir 

una y mil veces

con la esperanza puesta

en su propia eternidad. 

Y mientras,

Y siempre 

Y a veces

Y entonces 

Los adverbios

se hacen pronombres 

Y siempre 

Y ahora

De la segunda persona,

del singular.

Y el deseo,

que aparenta dormido,

solo descansa

para renacer, joven,

en cada beso.

08/07/2025

RESILIENCIA

 Hablar de política siempre se me hace bola, es como hablar sin decir, porque de poco suele valer y nunca tienes la certeza de lo que es real y de lo que es sombra y cómo una cosa y otra pueden serlo indistintamente.

Hoy la bola ya es intragable y tal vez sea mejor escupirla y empezar a generar saliva. (perdón por lo escatológico del tema pero el menú es lo que es)

Hay palabras que se instalan en el decir cotidiano y nos aturullan la mente y las ensalzamos  hasta el punto de convertirlas en talismán como pata de conejo atada al llavero.

Resiliencia, por ejemplo; yo empecé a oírla en el ámbito educativo, para referirse a criaturas que habían sobrevivido a adversidades terribles y habían salido adelante. La resiliencia, aplaudida sin parar, se fue instaurando a la velocidad a la que aprendíamos a escribir el palabro correctamente (que hasta los correctores tiraban de “resistencia” o “residencia” y los oídos duros eludían esa “i” algo molesta para convertirla en “resilencia”) poco a poco y, como casi siempre, la política se apropió del término, lo hizo suyo y habitó entre el resto de los mortales y lo hizo hasta tal punto que ya no era tan importante el resultado de esa capacidad como la aparente posesión de la capacidad en sí (¡mi tesooooro!), ser resiliente pasó a ser algo mágico y poderoso y claro, nadie cuida los alrededores del resiliente porque para eso está el resiliente que podrá con todo. ¡Alerta! 

Nadie dice enterarse de nada porque mientras la resiliencia haga su tarea dan igual los sinvergüenzas, al fin y al cabo son materia nacional, crecen en todos los huertos y se asumen como malas hierbas incluso necesarias.

A la vez en esa otra orilla llena, también, de chorizos, puteros y sinvergüenzas solo les queda invocar a los hados para que la resiliencia fracase y caminen aupados por las alfombras del populismo, ese que cada vez se vende más barato y se compra con la mayor desfachatez (o fachatez) sin detenerse ni un segundo a pedir explicaciones. ¡Pa qué!


Si este es el juego de la política, lo que nos espera no podrá ser ni escrito, habrá que tirar de realismo mágico o resucitar a José Luis Cuerda para hacer más interesante y/o tragable la albóndiga que se avecina. 

Y lo peor es que quien podría salvar el asunto es quien más sufre del desencanto. ¿O a lo mejor es que la voluntad ya no interesa?

27/11/2022

DOMINGOS MAESTROS

 Tienen los domingos ese regusto que deja el poso acumulado, la resaca de un fin de semana, tránsito y camino hacia ese lunes necesario para tomar impulso.

Fui maestra durante más de 30 años y recuerdo bien esas tardes de domingo con olor a pegamento y recortes por la alfombra, luego llegó el monstruo omnipotente y la luz azul iluminando los atardeceres que poco a poco iban cediendo al sueño.

Que un domingo se celebre el día de las maestras y maestros de este país tiene su cuota de reconocimiento, sin duda (con el permiso del señor de Calasanz y sus cosas pías) por esa labor descaradamente ignorada, ese tiempo rebuscado entre los bolsillos del descanso, esos domingos por “santificar”.

Hoy que las redes todo lo enredan (triste acepción para una palabra bonita) hoy que el dedo está presto a emponzoñar lo ajeno y que una tecla puede destrozar una vida, la Escuela se postula -igual que Celaya decía de la poesía- como un arma cargada de futuro, tal vez porque ambas tienen en común el músculo de la vida y el secreto balsámico que cura las pupas del alma.

Así que, si al caer la tarde, ves una lamparilla encendida en una ventana, es muy probable que al otro lado haya alguien dándole forma a las mil maneras de hilvanar ese futuro. Un gracias, hoy, es lo menos. Mañana… ¡también! 



02/09/2022

ADORNOS DE TIEMPO

 


Nunca se empieza del todo, aunque en la mente acariciemos la idea porque nos gusta estrenar y renacer, oler a limpio, a cuero sin bruñir, sentir el crujido de la sábana aún no planchada; aguantar el zapato que manca en su lucha por ganar al pie, la agenda limpia llena de futuros perfectos, incluso imperfectos, pero futuros, al fin y al cabo. La lectura de un libro que alguien, también, comenzó a escribir un día tensando el arco de su primera frase. Empezar con un bocado ese plato que esconde el punto ignorado de la saciedad. Comenzar una historia sin saber que se empieza ni qué se empieza porque entonces, ya nunca sería historia. Nos consolamos, así, creyendo empezar lo que siempre está empezado, solo usamos de esa extravagancia que a ratos nos visita y nos hace imaginar que todo está por llegar. Inventar orígenes y principios, aunque los principios, en el fondo, solo sean un adorno del tiempo.

19/05/2022

INDIGNA MUERTE: DIARIO ABREVIADO

 

Día 23: Estoy muy cansada. Pasé, todo el día, pegada a la ventana, el sol me devora, pero me gusta estar ahí. No
se la vida que me queda, una semana, acaso. Dos sería, ya, una eternidad, pero… ¡quién sabe! Con un poco de suerte mañana podré seguir en este mismo lugar, me quedaré acurrucada y tal vez ese horrible niño no me vea.  Hoy anduvo buscándome, llegó, incluso, a levantar su mano amenazadora. Menos mal que su madre grita fuerte y me alertó, porque allí estaba, mirándome a través de esas gafas inmensas, Tuve el tiempo justo de escapar mientras él recogía, de mala gana, sus cosas desperdigadas por la habitación. 

Día 24: Hoy tuve una mañana tranquila, el niño y su madre han salido. Al llegar ha vuelto a intentarlo, he visto su cara enfurecida. Esta vez fue el perro, reclamando su paseo, lo que le hizo olvidarse de mí. ¡Esto no es vida! pero bueno, pronto se habrá acabado todo.

Día 25: Llegó a media tarde, hoy traía en la mano un arma mortífera, su gesto era cruel, la ha empuñado ufano y me ha disparado en toda la cara, la habitación tiene ahora un olor extraño, como a perfume raro, estoy notando cierto grado de adormecimiento, creo que voy a morir, no me importa, pero me hubiera gustado hacerlo con otra dignidad, tal vez más cerca del cubo de la basura. Al fin y al cabo, las moscas comunes no vivimos mucho más de un mes y yo llevo ya 25 días en este mundo. No sé si podré considerarme una mosca de edad avanzada pero sí, estoy cansada, muy, muy cansada…mucho. 




27/04/2022

LA HORA BOBA

 

Imagen de Walter Frehner en Pixabay 

Hoy me enfundé la bata blanca, esa que me da un aspecto a medio camino entre ayudante de laboratorio y aprendiz de un atelier, las manchas difusas de pintura parecen acercarse más a esto último y eso me ha dado alas para ponerme a ello. 

Ahí está esa pared hambrienta de trazos, es la pared perfecta, la pared donde pierdo a menudo la mirada cuando esa hora boba, de luz retozona, intenta gastarme bromas absurdas mientras escucho las voces veladas portadoras de historias que me distraigo en dar vida. 

No, no es una pared cualquiera, porque al otro lado vive el imposible, solo tienes que saltar por el abismo del miedo y dejarte caer lentamente. Cerrar los ojos y tocar, al azar, tocar los principios, los érase una vez, girar las llaves guardianas del después. 

Hoy, que me enfundé la bata blanca, he pintado, por fin, la biblioteca perfecta, con el anhelo de poder deslizar el corazón, ese dedo medio que hace palanca como un “ábrete sésamo” a la cueva donde habitan cien mil vidas. 

He pintado, también, una pequeña puerta, en la parte baja. Es necesario, por enigmático, que las bibliotecas tengan puerta, de otro modo ¿cómo entrar en los mundos que serán posibles?

Me acomodo, puntual, en la pequeña butaca verde a esperar la hora boba. Está llegando, la luz atraviesa la estancia, entra acariciando mi espalda y al tocar los muros se desdibuja, lisonjera, al compás de las voces del otro lado. 

Mi dedo se atreve, un toque y atravieso la puerta. Las ocurrencias despliegan sus alas y en un momento todo adquiere sentido… ¡Tan solo son mis vecinos! Esta vez es demasiado prosaico, así que saludo amablemente y mientras pido disculpas por la intromisión, observo su turbación y su miedo.

-Perdón, me confundí de novela. (Quién me mandaría tocar “Nada”)

Vuelvo a atravesar la puerta, vuelvo a mi butaca, la luz boba ha desaparecido. Suena el timbre de casa, aunque más que sonar, cruje, como irritado. 

¡No seré yo quien abra sabiendo cómo construyen hoy día!


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