domingo, 9 de febrero de 2014

UNIDAS: UN VIAJE POR NUESTRA DIGNIDAD

No es fácil el relato emocional. No es nada fácil, pues la soflama y el enardecimiento se apropian del discurso y velan el fondo pudiendo parecer que lo que se cuenta solo es delirio.
Solo por eso llevo una semana frenando un tren desbocado que no me quito del pensamiento, el recuerdo de cada consigna, de cada abrazo, de cada rostro, todavía me hace vibrar.

Para mi todo empezó buscando, por encargo, un hotel en Valladolid, un hotel que acogiera a unas 150 mujeres, el número que Begoña Piñero pronunciaba con miedo y reserva pues le parecía que alguien se había pasado en la previsión de lo que ya se empezaba a nombrar como "Tren de la libertad"
Unos días después me plantaba en "La Floris" ese cuartel general donde el teléfono bulle y su inquieta dueña tan pronto despacha con el tanatorio como te enseña la factura de lo que costaba abortar en Londres en los años 70, un lugar donde casi siempre hay amigas, donde late el corazón de este tren y donde Pili "peque", silenciosa y eficaz, tras renunciar a sus vacaciones, aporrea incansable un ordenador mucho más lento de lo que la ocasión precisa. 
Y es que conocer a Begoña es algo sencillo, como ella, pero nada simple, como tampoco lo es ella. Conocer a Begoña es conocer el entusiasmo por una causa, Begoña es el feminismo hecho mujer y no creo exagerar al escribir estas palabras porque es algo inherente a su persona, algo que se traduce en valentía, compromiso, firmeza y sororidad, sobre todo sororidad, que ni la misma Marcela Lagarde podría encontrar mejor ejemplo para definir el término.
Es esa mezcla asturiana de mina y de mar, como La Camocha donde la parieron, de tierra profunda y fuerte nordeste.

Así que me bastaron 10 minutos  para saber que tenía que subir a ese tren. -¡Hay que ir, hay que parar esto!, repetía.
Begoña te contagia entusiasmo y cuando te mira te parte el alma porque sabes que en ese "cuento contigo" está implícito el que para siempre puedes contar con ella.
Me relató entre risas y sorpresa cómo se había gestado la idea, cómo de aquella comida de amigas en Laviana había surgido todo y al contarlo se lleva la mano a la cara en ese gesto tan suyo para expresar la preocupación
-¡150 plazas fía! ¿No nos habremos pasado?.
Luego llegaron los petos y el chacachá del tren y entre medias aparece Ana Rey Artime una de las mujeres más generosas que he conocido en los últimos años, generosa de saberes y tan celosa del respeto a las personas que te hace poner colorada cuando se te va la boca, llegó para canalizar toda la energía del tren y, como si un sueldo le fuera en ello, creó y mantuvo actualizado al minuto el blog donde se iba vertiendo todo.

Con estas "pitas" tenía que salir buen caldo así que cuando el día 31 de enero (Yo había llegado antes a Valladolid) me acerqué a la estación a recibir el tren, no podía creer lo que veían mis ojos:  mi ciudad, esa a la que unos cuantos malnacidos hicieron merecer el deshonroso topónimo de "Fachadolid", salía a la calle vestida de malva y por la izquierda para recibir a 150 personas, mujeres en su mayoría, que llegaban de Asturias. El corazón partío se unió tan fuerte que nunca me sentí tan orgullosa del nacer y del pacer.

Una vez más tú, Begoña Piñero Hevia, una vez más tu entusiasmo y tu cariño y en aquel abrazo fuerte que nos dimos en esa estación me lo dijiste al oído y no me soltabas, como si en tu abrazo quisieras transmitirme toda tu fuerza. (y vaya si lo hiciste) -¡Les vamos a echar Begoña, les vamos a echar, que no me dejan volver si no lo hacemos!
Atocha y Chamartín ya eran plazas ganadas como las calles de Madrid, y una enorme marea violeta se desplegó desde la Cuesta de Moyano hasta el Congreso donde hiciste, junto a otras 13 mujeres, uno de los paseos más emocionantes de tu vida y donde una vez más arrollaste al declarar que solo estabas allí en nuestro nombre.


Así que ¡vamos a por ellos!, a por este chulo hambriento de sotana que se quiere hacer dueño de nuestros cuerpos y de nuestras decisiones, ese que sacó pecho en la boca de ese túnel que nos ha excavado con sus propias manos hablando no se qué de abdicaciones, y que anda todo el día entre cigotos y nasciturus. Vamos a por ellos porque ¡SÍ SE PUEDE!
Y ahora más que nunca ¡que la libertad viaja en AVE!.
Gracias Begoña y gracias a todas las que me habéis hecho sentir todo esto.




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