martes, 31 de diciembre de 2013

DESEOS


Deseos, 
antesala de la frustración,
intentos fallidos,
conquistas,
propósitos,
sueños que atracan 
en el puerto del olvido,
ritos que curan el alma
para saltar a un vacío
pintado de ilusiones,
esperanzas vanas 
porque todo será igual
porque tal vez,
todo cambie.
Pero solo es eso
un año más,
un día más,
un instante

domingo, 24 de noviembre de 2013

UN PASO DECISIVO

Imagen cedida por  María Fúnez
Oyó la puerta, las llaves tintinearon dentro de su bolso, ¡las 10,30! 
Toda la tarde esperando su vuelta para verla entrar como si nada, con esa sonrisa despreocupada que lucía después de andar por la calle. 
La miró sin verla, la escuchó sin oírla, mientras empequeñecía en aquel sofá que parecía querer tragarlo. 
Una vez más sintió la rabia. La despreciaba por haberla querido pero no podía permitirse el abandono, odiaba la terrible dependencia que sentía al mirarla, odiaba su propia estupidez, la odiaba de tanto amarla y todo el odio descendió a sus manos.
Cerró los puños y se levantó de aquel sofá devorador de hombres, caminó por el pasillo mientras la escuchaba canturrear despojándose de cada prenda y, suponiendo su desnudo, la deseó sin deseo. 
Las uñas hincaban ya la piel de sus manos, la imaginó riendo fuera, hablando fuera, viviendo fuera, ¡y él allí!, hundido en ese sofá antropófago que amenazaba con devorarlo.
Nunca vio aquel pasillo tan largo, tal vez no la quería pero no sabía vivir sin ella, notó un nudo en el estómago, un calambre en la mandíbula, pasó por su lado casi sin tocarla, abrió la ventana y saltó al vacío.
¡Al menos supo salvar una vida!

jueves, 7 de marzo de 2013

CONCHA GAY, MUJER ENTRE LA TIERRA


Pasear por Valladolid es algo que siempre agradece casi tanto mi cuerpo como mi ánimo, me transporto con  suma facilidad hacia tiempos remotos, cada vez más remotos he de decir, pero disfruto con esa especie de ensoñación melancólica que me atrapa, ese consentido masoquismo que embriaga mi recuerdo.
Una esquina, aquella plaza, ese bar que no cambió, pedestales que elevan a gentes ilustres, sombras de parque y sonidos ahogados, niebla fría y olor a calor

Mañana es 8 de marzo, día de las mujeres, yo quiero hoy hablar de una que reencontré hace poco en uno de esos paseos, una mujer de la tierra cuyas manos hacen que las cosas sean más bellas, una mujer escultora y pintora y no se muy bien si por ese orden.
Concha y yo fuimos amigas hace años en aquel tiempo en que la tertulia era un arte, empezaba a exponer y su obra nacía de su encuentro con el mundo y con la tierra.
Años más tarde la vida nos alejó pero siempre que paseo por la plaza del Coca me gusta mirar "la fuente de las sirenas" y saber que esas tres mujeres, que a mi se me antojan amigas, son el poso de algo que persistirá siempre. Vaya por ello mi reconocimiento hoy a una mujer artista, Concha Gay.

sábado, 12 de enero de 2013

A PESAR DE MI. ¡BIEN PALMIRA!

Ayer y antes de ayer asistí al estreno del corto de Palmira Escobar Martos "A pesar de mi". Lo promocioné casi a ciegas y asistí con gusto y gana a la presentación, lo hice porque confié en ella, porque es joven y entusiasta, porque el tema me gustaba y porque me daba una buena ración de satisfacción haciéndolo, me reconcilia con la vida animar la creación, como si en ese acto me insuflara, a mi misma, un poco de vida.

Allí estuve, digo, con el salón del Antiguo Instituto lleno igual que el Pub Labá la tarde siguiente, se notaba el cariño y el apego de la buena gente hacia esa manifestación de vida que supone cualquier acto creativo.
Allí estaban los abrazos cálidos de quien llega con lo que tiene y te dice gracias sin palabras.
Al apagarse las luces, y desde el primer fotograma, la proyección te atrapa, te atrapa su banda sonora y ese jadeo que en unos segundos te pega al cuello de una de las protagonistas y no te permite dejarla. Un estupendo manejo de cámara, del color y de la luz. Un travelling de exterior que me hizo ver hasta cosas inexistentes que descartaré cuando haga mi tercer visionado (o no). Gracias Palmira por tu paciencia ante mi insistencia.

17 minutos intensos y fuertes que, desde luego, no te dejan indiferente, te introducen en las tripas de la relación y te hacen ver la mierda que podemos llegar a ser cuando se esfuma esa  mitad entregada. Buen trabajo de actrices, (me gustó mucho Adriana Segurado en su papel de Zaire) y un entusiasmo que se nota en cada plano.
Diálogos (monólogos a veces) cargados de intención y de crítica a un sistema que nos tiene en duermevela.

Palmira me ha nombrado madrina de Fb junto a dos excelentes amigas María Funez y María Fdez Campomanes y al verlo aparecer en los títulos de crédito  me llené de orgullo bobo, ese que te conforma el ánimo y te hace sentir bien sin saber por qué.
Solo espero ver este corto en festivales y aplaudirle algún premio porque el esfuerzo y el resultado se lo merecen y espero poder seguir animando las producciones de Palmira y  asistir al renacer constante de algo que jamás podrán quitarnos, el cariño por las cosas bien hechas, el gusto por la cultura y la satisfacción de hacerlo entre amigas.

sábado, 5 de enero de 2013

NOCHE DE REYES

Siempre me gustó limpiar zapatos, limpiar con cepillo y betún aspirando ese olor que devuelve el brillo del cuero bruñido y por eso al llegar esta noche rebusco en lo más profundo de mi cerebro hasta ese rincón donde se alojan los aromas para perderme por el recuerdo y manejar la magia con el descaro de las incrédulas.
Por noches como esta fui aprendiendo de imposibles y frustraciones, de deseos y bonanzas, de impotencia y de justicia, de ser niña y no ser niño, de fe ciega, del descreer y la fuerza de la razón...
Y era en noches como esta cuando mi padre se creía tan poderoso que apenas dormía esperando ser compensado a la mañana siguiente con una boca abierta en pijama y tiritando de frío y de nervios.
No puedo olvidar esas cortinas abultadas que, a modo de telón, escondían burdamente aquellos objetos de deseos niños.
Yo no se si en realidad era importante lo que los Reyes traían, lo verdaderamente importante era ¡que lo traían! y por eso, aunque no llegó el Scalextric o el dulcecotón, nunca reclamé nada y entendía, dócilmente, que los Reyes no lo habían considerado conveniente, de la misma manera que sí consideraron  llevarse una muñeca enorme que vivía inerte al lado de mi cama y que desapareció con una nota real (por realeza) que la reclamaba para una niña más necesitada. Lo cierto es que a mi esa muñeca me horrorizaba con lo cual quedé satisfecha aunque no atisbé a entender que esto era el anticipo de lo que sucedería de manera real (y esta vez hablo de realidad) a lo largo de la vida.
Si mi padre se sentía poderoso manejando ilusiones mi madre atendía lo práctico y se levantaba siempre un poco antes para caldear la casa y así comenzar el desfile de "batamantas" para disfrutar del ritual con toda la seriedad que imponía el momento.
Cuando mi fe empezó a decaer llegó mi hermana y el rito se prolongó por unos años más pasando ahora a formar parte de la puesta en escena. El atavismo se impone y los ritos mágicos se transmiten con esmero y cuidado, incluso se amplían y aderezan. Ahora poníamos agua para los camellos, copas de licor para los reyes turrones y polvorones de "El toro" y hasta dejábamos alguna nota recordando lo buenísimas que habíamos sido.
Yo pude gozar con aquella mirada de niña, los nervios y la desazón, la ilusión sin embozo, aquel ¡halaaaaa! que salía del alma; aprendí a fingir sorpresa, a distraer la razón que aflora, a mentir por una ilusión...
Me gustaría poder hacerlo de nuevo, hurgar despiadadamente en mi inocencia y meterle un gol a la mentira y volver a limpiar esos zapatos con el mismo esmero y ver a mi padre con su mejor sonrisa y sentir el calor del carbón atizado por mi madre y llevar a mi hermana de la mano, despacito por aquel pasillo eterno para exclamar juntas otro ¡hala! muy grande.
Quisiera y no puedo porque los años me han quitado la magia y algunos malditos, de los que hacen trucos con las mangas anchas, le pegan a diario mordiscos a mi ilusión.
¡Ojalá los reyes y las reinas de verdad repartan pedruscos de carbón en cada una de sus casas, pero del que no arde, claro.
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