sábado, 24 de septiembre de 2011

VUELTA AL COLE: LA TÁBULA RASA



¡Por fin ya es viernes! viernes de una semana que termina impregnada del color con que se pintan las ansiedades, ansiedades párvulas reflejadas en unos ojos grandes de abrumadora inocencia, de donde brota esa lágrima aguantada con valor y que termina rodando tiernamente.


Terminó la cacareada vuelta al cole, hemos vuelto para quedarnos, como cada año, y para escuchar, como si se tratara de una condena, un montón de tópicos a los que me preocupa sentirme acostumbrada.

Y mientras tanto no consigo superar esa especie de terror que me produce el peso de la responsabilidad y no es la del trabajo (que para esa ya me he curtido en mil batallas), es el vértigo de la "tábula rasa", de saber que me aproximo, con el punzón acerado de cada una de mis frustraciones, con la torpeza de mis saberes calcificados y la creatividad esclerótica, a la materia más tierna, a esa de donde nacen los sueños, con un escaso índice de humedad en el ambiente que va secando la masa y haciendo mis trazos cada vez más evidentes y en unos meses veré ese dedo patibulario que me devolverá una imagen odiosa de la maestra que nunca he querido ser, aderezado con una voz a medio camino entre la Rotenmeyer y una adiestradora canina. 

Hago este acto de contrición para recordarme a mi misma que -como cantaba Mari Trini- "Yo no soy esa", ¡no quiero ser esa! pero tampoco quiero seguir escuchando las mismas chorradas de todos los años, ese rosario de perlas de quienes trajeron al mundo a las criaturas que inquietan mi conciencia.

No quiero saber nada de extrañas fobias a váteres, de chiquillos que tienen la desfachatez de ¡no poner el despertador! y dormirse por las mañanas llegando tarde al colegio, de esa terrible enfermedad denominada "tienemocos" y de la recomendable medicina "quenocorra", de las dos horas de ¡vídeos educativos!, del “tiene algo de fiebre pero se empeñó en venir a la escuela”, del "¡no se donde cojones aprendió este niño a decir esas palabrotas!” De los pases de modelos con ropas imposibles que hacen de la hora de ir al baño toda una aventura. Del “¡defiéndete!” sin explicar lo que es un ataque, del puñetero rosa que resulta ser genético, del “yo le educo pero la abuela se lo consiente todo”, del “razonamos todas las cosas en la silla de pensar” (¡Si Piaget levantara la cabeza!) del “¡no se cómo podéis con 20 si yo no puedo con 1”!, de adultos que involucionan su lenguaje hasta límites inimaginables y que afirman tener vástagos superdotados cuya única excepcionalidad consiste en ser, sin duda, más inteligentes que la madre que los parió y/o el padre que los engendró y un suma y sigue interminable que hacen que esa tábula rasa no sea ya tan rasa y venga con unos cuantos machetazos que tendremos que ir rellenando a golpe de ingenio y plastilina.
 Y así podremos echar balones fuera y decir que la culpa es de las familias que no tienen cabeza y que traen hijos al mundo como quien fríe rosquillas y que bastante tengo yo con lo mío y... mientras tanto, me atraviesa una sonrisa que de tan franca duele y me da por pensar que aquello del pan, del sudor y de la frente a veces te alegra el día y puede que a mi tábula, llenita de cicatrices, todavía le quede sitio para dibujar en colores.

sábado, 3 de septiembre de 2011

PAISAJES

Palomar en Villavicencio de los caballeros (Valladolid)
Tiernas caricias de Midas
derraman paisajes
de soledades áureas,
sencillos refugios
donde gravita el vuelo de las aves
exhaustas portadoras
de mensajes de amor.
Filtra el cielo
su laurel de azules
y en cada año que pasa,
con su equipaje de ausencias,
se advierte un remanso
donde escribirte un verso
que por seguir amándote
siempre es pequeño.
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