domingo, 7 de noviembre de 2010

YO TAMPOCO TE ESPERO

Pues llegó el Santo Pa ¡y yo con estos pelos!...


Y vino a decir que estamos como en tiempos de la República (más quisiéramos) y que no rezamos nada y que andamos un poco sueltos y sobre todo un poco sueltas (que las mujeres ya no somos nada abnegadas) y que hay que combatir este brote de “laicismo, secularismo y anticlericalismo" ¡Toma ya!

A ver, un poco de Wikipedia:

Laicismo: corriente de pensamiento, legislación o política de gobierno que defiende, favorece o impone la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas.

Se garantiza la libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión

El secularismo es aquel pensamiento o actuación que no tiene órdenes clericales y es ajeno a las prácticas y usos religiosos. El proceso histórico de secularización dejó a la Iglesia al margen del poder.

El anticlericalismo es un movimiento histórico contrario al clericalismo, es decir, a la influencia excesiva de las instituciones religiosas en los asuntos políticos.

Y ahora voy yo y me pregunto

¿PERO ESTE TÍO DE QUÉ VA?

Si por los Pactos de Letrán ya se comprometió La llamada Santa Sede a no intervenir en la política del Estado Italiano ¿por qué tiene que venir aquí a tocar los mondongos?

Pues valga toda esta introducción para dejar claro que lo que Benedicto intenta es una intervención en toda regla y que lo que el gobierno hace es arrodillarse más allá de lo que protocolo obliga.

Pues yo no, yo no te espero y no te consiento que, después de haber ocultado violaciones, haber tolerado baboseos inmundos de sexualidades enfermas al empeñarse en arrancar de sus cuerpos lo que natura impone, y haber elaborado un catecismo que discurre entre la garganta y la parte alta de los muslos, me propongas ahora guerras de religión.

Te has metido mucho más allá de lo que a cualquiera se le puede permitir, has husmeado entre mis sábanas, has enredado en mi corazón, has elevado a la categoría de mal (me niego a decir pecado) todo aquello que dicta el derecho: el condón frente al SIDA, el aborto ¡hasta después de una violación!, el matrimonio homosexual como derecho a la convivencia legal (¡qué bastante me importa a mi que tú y tus operarios lo santifiquen!), el divorcio -¡claro que p’a qué si ya existe La Rota!...

¡Y digo yo que con tanta preocupación por la cosa sexual y la familia para procrear y todo eso ¿Cómo es que, en vez de darle tanto al manubrio, no remangáis los faldones y a muslo descubierto os dedicáis a sembrar la tierra? Pero esta vez apechugando pagáis los costes ¿vale?
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