viernes, 24 de septiembre de 2010

29 DE SEPTIEMBRE: PROCLAMO

Proclamo: el próximo día 29 de septiembre no acudiré a mi puesto de trabajo y será por decisión propia. ¡Ea!


Aunque me asalta esta maldita indefensión que provoca la sensación de tener el pensamiento secuestrado:

¿Significa esto que secundo la huelga poniéndome del lado de todos los sindicatos que misteriosamente han conseguido ponerse de acuerdo en algo?


¿Significa que me quedo en casa para contribuir económicamente, con el descuento que se me aplicará, a paliar la cacareada crisis económica?

¿Será pues que con mi ausencia laboral jorobo al gobierno y le doy alas a la “santa oposición” (obsérvese el juego de palabras por favor) que no apoya pero enciende?

¿Me apuntarán los laicos de la iglesia (como lo oyen) a su lista si se me ocurre ese día ponerme algo blanco?

Haga lo que haga habrá quien me acoja en su seno, quien haga un uso espurio de mi decisión para engordar vanamente una cifra que solo justificará su provecho.

Se lo oí decir a mucha gente sabia:

¡VAYANSE USTEDES A LA MIERDA!
Y espero que cuando pierdan siempre sea porque les faltó un voto ¡el mío!

(Y A LOS SALVAPATRIAS QUE LES DEN DOS VECES)

viernes, 17 de septiembre de 2010

A LA DEPRESIÓN: ¡DE CARA!

Te veo llegar con el rostro frío. Te conozco, vieja amiga. Con tu porte arrogante, te desprendes lentamente y me arrollas al paso como una puta de lujo, entras en mí y te apropias de mi piel y de mis ojos para situarte justo en el hueco donde muerden las emociones. Te rodeas de toda la grisura del mundo y me embaucas vestida con el mejor traje de autocompasión, me devuelves el rostro feo de la vida cuando te agazapas en las esquinas del alma para proyectar la sombra de cada luz que asoma. Pellizcas mis labios para crear una mueca de amargura innecesaria, me elaboras interminables listas de oprobios que llegan a mí como una procesión de ánimas.


Te conozco, ¡vaya si te conozco! Me acompañas desde antiguo, se de tus mañas y te evito aunque a veces repose en el abandono plácido de las lágrimas solitarias, las que limpian el desasosiego como un bálsamo milagroso.

Has vuelto, pero ya empiezo a ver tu espalda, encorvada y negra. Pronto te envolverás en un viento de castañas y volveré a llorar por una pena antigua, y cuando pique esa cicatriz del ánimo, apenas recordaré que existes.
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